¿Qué se puede (realmente) poner en el compost?
Entender por qué no todo se puede compostar

Ha instalado un compostador en su jardín o en su cocina y, desde entonces, cada vez que come se le plantea una nueva pregunta: «¿Puedo echar esto al compost?».
Piel de aguacate, cáscaras de huevo, restos de melón, bolsitas de té, servilletas de papel, corteza de queso... Las preguntas son muchas y las respuestas no siempre están claras.
Porque compostar no se limita a vaciar la cubeta de la cocina en un rincón del jardín. Para compostar bien, hay que entender cómo funciona el proceso y, sobre todo, qué buscan —o huyen— los microorganismos que transforman los residuos en humus. Un buen compost se basa en un cierto equilibrio. Y si algunos residuos orgánicos se integran sin problemas, otros pueden ralentizar la descomposición, perturbar el proceso o incluso generar molestias.
El objetivo de este artículo es ayudarle a verlo con claridad, sin jerga ni moralinas. En él encontrará:
- Los principios clave para comprender lo que ocurre en un compostador (la versión para principiantes y la versión para expertos)
- Qué se puede poner en él y por qué
- Qué es mejor evitar y por qué
- Una lista exhaustiva por orden alfabético de los principales residuos cotidianos, con una respuesta clara: ¿compostable o no?
Tanto si es nuevo en el compostaje como si ya tiene experiencia, esta guía le ayudará a mejorar sus prácticas, o simplemente a dejar de preguntarse cada vez que pela una zanahoria.
¿Por qué no todo se puede compostar?
El compostaje se basa en un proceso biológico bien establecido: la descomposición de la materia orgánica por microorganismos (hongos, bacterias) y macroorganismos (lombrices, insectos, cochinillas, etc.).
Estos seres vivos transforman gradualmente los residuos en humus, una materia rica y estable que se puede reintegrar al suelo para nutrir la vida. Pero este proceso solo funciona bien en determinadas condiciones. Y no todos los residuos cumplen estas condiciones.
Hay tres factores principales que influyen en la calidad del compost:
- El equilibrio entre carbono y nitrógeno
- La aireación del compost
- La humedad
Un desequilibrio en cualquiera de estos tres aspectos puede ralentizar la degradación, generar malos olores e incluso hacer que el compost sea inutilizable.
La relación carbono/nitrógeno: la clave para un compost equilibrado
A menudo se habla de residuos «secos» y «húmedos», o «marrones» y «verdes». Detrás de estos términos se esconde una proporción fundamental en el compostaje: la relación C/N, es decir, la proporción entre el carbono (C) y el nitrógeno (N) contenidos en los materiales compostados.
El carbono es el elemento energético de los microorganismos. Se encuentra en los materiales secos: hojas muertas, ramas trituradas, papel sin tratar, cartón marrón, serrín... El nitrógeno es un acelerador del crecimiento microbiano. Se encuentra principalmente en materiales húmedos y ricos: cáscaras, restos de comida, recortes de césped, posos de café...
Para funcionar correctamente, un compost necesita una relación C/N de entre 25:1 y 30:1. En otras palabras, se necesita mucho más carbono que nitrógeno. Si esta relación está desequilibrada:
- ¿Demasiado nitrógeno? El compost se vuelve demasiado húmedo, huele a amoníaco o a podrido, y la fermentación prevalece sobre la descomposición.
- ¿Demasiado carbono? El compost se seca, se ralentiza y los microorganismos carecen de nutrientes para desarrollarse.
A recordar: si su compost está demasiado húmedo, añada materia marrón (hojas muertas, cartón). Si está demasiado seco o se transforma demasiado lentamente, añada materia fresca.
La aireación: el compost necesita oxígeno
El compostaje doméstico es un proceso aeróbico, es decir, necesita oxígeno para funcionar correctamente. En ausencia de aire, otros microorganismos, llamados anaeróbicos, toman el relevo... pero su actividad produce metano, olores de fermentación y ralentiza la descomposición.
Una buena aireación permite:
- Evitar los malos olores
- Activar la transformación de los materiales
- Evitar la formación de jugos o zonas compactadas
En concreto, esto significa que hay que:
- Remover regularmente el compost (cada 10 o 15 días)
- No sobrecargar con residuos muy húmedos o capas gruesas (por ejemplo, césped fresco)
- Alternar capas marrones y verdes para favorecer una estructura aireada
¿Cómo controlar la humedad del compost?
La humedad es indispensable: los microorganismos trabajan en un entorno húmedo, no seco. Pero el exceso de agua puede expulsar el aire y crear un medio anaeróbico. El objetivo es mantener una humedad similar a la de una esponja escurrida.
Un compost demasiado seco no se transforma. Un compost demasiado húmedo huele mal. Fuentes frecuentes de exceso de humedad:
- Demasiada fruta, verdura o alimentos cocinados desechados sin añadir materia seca
- Ausencia de materiales marrones absorbentes (papel, cartón, hojas)
- Tapa mal diseñada en el compostador (mal drenaje del agua o infiltración de agua de lluvia)
Buen hábito: cada vez que añada materia fresca, recuerde añadir materia marrón. Si vacía una ensaladera de peladuras, añada un puñado de cartón o hojas secas encima.
¿Qué residuos pueden suponer un problema a la hora de hacer compost?
No todos los residuos orgánicos son iguales a la hora de hacer compost. Algunos son demasiado grasos, demasiado ácidos, tardan demasiado en descomponerse o presentan riesgos para la salud.
Algunos ejemplos:
- Carne, pescado, productos lácteos: ricos en grasas y proteínas animales, atraen a los insectos y se descomponen mal a temperatura ambiente.
- Cítricos, ajo, cebolla: muy ácidos o antibacterianos, pueden frenar la acción de los microorganismos.
- Plantas enfermas: pueden transmitir sus agentes patógenos al compost.
- Papel impreso o blanqueado: contiene tintas, colas o tratamientos químicos.
En un compost industrial, sometido a altas temperaturas (hasta 70 °C), estos residuos pueden tratarse. Pero en un compost doméstico, hay que actuar con precaución.
Una inmersión en el corazón del compost: entre bastidores de un banquete microbiano
Antes de ver qué se puede y qué no se puede poner en el compost, hay que entender algo fundamental: el compost no es un cubo de basura, es un ecosistema vivo, un auténtico festín al aire libre... para miles de millones de pequeñas bocas invisibles. Y a este banquete acuden numerosos invitados: bacterias, hongos, actinobacterias, colémbolos, gusanos, ácaros, nematodos, etc. Pero empecemos por los chefs de cocina de este gran bufé: los microorganismos.
Los microorganismos, esos trabajadores invisibles del compost
Las bacterias: las primeras en la mesa
Son las estrellas del compostaje. Aparecen en gran número tan pronto como se deposita un nuevo residuo orgánico. Se distinguen tres grandes categorías de bacterias, en función de la temperatura que prefieren:
- Las mesófilas: se desarrollan entre 10 y 40 °C. Son las primeras en intervenir. Inician la descomposición tan pronto como se depositan cáscaras o posos de café en el contenedor.
- Las termófilas: toman el relevo cuando el compost se calienta, generalmente entre 40 y 70 °C. Son las que aceleran la degradación de los materiales más resistentes, como la celulosa del papel o las fibras vegetales. En el compost doméstico, se activan sobre todo en verano o en volúmenes bien equilibrados.
- Las actinobacterias: estas bacterias un poco especiales prefieren los materiales secos y leñosos. Degradan los materiales ricos en carbono (como las hojas muertas o el cartón). A menudo son ellas las que dan ese agradable olor a sotobosque al compost maduro.
Las setas: pacientes descomponedores
A diferencia de las bacterias, los hongos no tienen tanta prisa: se desarrollan en condiciones más secas y ácidas. ¿Su especialidad? Descomponer estructuras complejas, como la lignina o la celulosa (presentes en la madera, el papel marrón o ciertas fibras vegetales). Cuando ve filamentos blancos en su compost, a menudo son ellos. Son como esos artesanos meticulosos que desmontan un mueble de madera para recuperar cada tornillo. Lentos, pero tremendamente eficaces.
¿Y los demás?
Las lombrices, los colémbolos, las cochinillas o las larvas de escarabajos también participan en la fiesta, sobre todo en la fase de maduración. Son ellos quienes remueven, mastican, digieren... y transforman todo en humus. Se les llama macroorganismos.
¿De dónde proceden estas bacterias y hongos?
Esta es una de las lecciones más bonitas del compostaje: nada es totalmente estéril. Los microorganismos están por todas partes a nuestro alrededor. Llegan a tu compost:
- Con los propios residuos (frutas, verduras, posos de café, cáscaras de huevo... todos ellos ya transportan bacterias en su superficie)
- A través del suelo (si su compostador está en contacto con la tierra, los gusanos y las bacterias pueden acceder libremente a él)
- A través del aire (las esporas de hongos y bacterias vuelan y se depositan de forma natural)
En otras palabras, no es necesario «sembrar» un compost para que funcione. Se puebla solo, siempre que se le ofrezca un entorno acogedor.
Nitrógeno y carbono: el combustible y la estructura
Muchas guías hablan de «materia verde» y «materia marrón», pero la verdadera distinción se basa en su contenido de carbono y nitrógeno. He aquí una metáfora sencilla: imagina que el compost es una gran barbacoa.
El carbono (C) es el carbón, el combustible que alimenta el fuego.
El nitrógeno (N) es la carne que pones en la parrilla: es lo que los microbios quieren comer.
Pero cuidado: sin carbón, el fuego no prende. Y sin carne, no sirve para nada. Por lo tanto, es necesario un buen equilibrio entre ambos.
Ejemplos concretos:
Una piel de plátano: rica en nitrógeno → materia «verde»
Una hoja muerta: rica en carbono → materia «marrón»
Un trozo de cartón roto: muy carbonoso
Posos de café: a pesar de su color, muy ricos en nitrógeno
Pan seco: a medio camino, pero bastante rico en carbono (sobre todo una vez duro)
A recordar:
➤ Los microorganismos se alimentan de nitrógeno...
➤ ... pero necesitan carbono como fuente de energía para hacerlo.
¿Por qué algunos alimentos se comportan de manera diferente?
Observe los restos de comida. Un trozo de pan se secará y endurecerá si permanece sobre la mesa durante unos días. Una banana se ablandará, se oscurecerá y desprenderá un olor fermentado. Los restos de carne desprenderán un olor muy desagradable. ¿Por qué?
Es una cuestión de estructura y composición:
- El pan es seco, poco graso y rico en almidón → pierde humedad y se endurece
- El plátano es rico en azúcar → las bacterias se alimentan de él, las células se rompen y se «derrite»
- La carne es rica en proteínas → atrae a bacterias específicas (a menudo anaeróbicas) que producen compuestos de azufre muy olorosos
Los alimentos ricos en nitrógeno (proteínas, azúcares, materias animales) son los primeros en pudrirse. Los alimentos secos y ricos en fibra (papel, hojas, pan, cartón) se descomponen más lentamente, o incluso no se descomponen en absoluto si están demasiado secos o compactados.
¿Qué riesgos conlleva un compost desequilibrado?
Si tira todos los restos de comida sin añadir materia seca, creará un entorno demasiado rico en nitrógeno y demasiado húmedo. Resultado:
- Los microorganismos aeróbicos se asfixian
- Las bacterias anaeróbicas toman el relevo
Resultado: fermenta, huele mal, se vuelve pegajoso y atrae a los mosquitos.
Por el contrario, si solo pones cartón u hojas secas, tu compost será:
- Demasiado seco
- Lento en ponerse en marcha
- Poco atractivo para las bacterias
Resultado: se estanca, se desmorona y no pasa nada realmente.
En un compost, intervienen varios elementos para garantizar una descomposición eficaz. El carbono proporciona la energía y la estructura necesarias; se encuentra especialmente en el cartón, el papel o las hojas muertas. El nitrógeno, presente en las cáscaras o los posos de café, aporta los nutrientes indispensables para los microbios. Las bacterias mesófilas son los primeros agentes de degradación y actúan principalmente sobre las frutas y verduras frescas. Cuando el compost se calienta y se estabiliza, las bacterias termófilas toman el relevo y aceleran el proceso a alta temperatura, etapa típica de un compost bien iniciado. Las actinobacterias, capaces de degradar materiales más resistentes como la madera, el papel o las ramas, continúan la transformación. Por último, los hongos intervienen como descomponedores secundarios, atacando sobre todo los materiales más duros como la madera, el papel o algunas plantas coriáceas.
Compost industrial o doméstico: ¿cuál es la diferencia?
Antes que nada, un recordatorio útil: no todo lo que es «compostable» lo es necesariamente en su hogar. Se distinguen dos grandes tipos de compostadores:
Compostadores domésticos
- Compostador de jardín
- Lombricompostador
- Compostador para apartamento con o sin bokashi
- Temperatura variable (15 a 50 °C), volumen reducido, sin aumento térmico duradero
➤ Más frágiles, sensibles a la humedad, a los errores de clasificación y a las plagas.
Compostadores industriales
- Tratamiento de residuos orgánicos a alta temperatura (hasta 70 °C)
- Degradación rápida, destrucción de patógenos, aceptación de determinados envases compostables
Las instrucciones no son las mismas. Un envase «compostable» en compost industrial puede que nunca se descomponga en un compost doméstico.
Compostabilidad: ¿Cuáles son las principales categorías de residuos?
Los residuos vegetales crudos: los aliados básicos
Los residuos orgánicos de origen vegetal son imprescindibles para el compostaje doméstico. Fáciles de manejar, bien conocidos y eficaces, constituyen la base ideal para un compost sano y equilibrado.
Entre ellos se encuentran:
- Cáscaras de verduras
- Fruta estropeada
- Posos de café
- Bolsitas de té (sin grapas ni plástico)
- Cáscaras de huevo (trituradas si es posible)
- Hojas muertas
- Flores marchitas
- Tallos y hojas (zanahorias, rábanos, puerros...)
Consejo: cortar si los tallos son gruesos o fibrosos (por ejemplo, los puerros). Las cáscaras de cítricos son compostables, pero en pequeñas cantidades: son ácidas y se degradan lentamente.
Los residuos vegetales crudos: los aliados básicos
Este es un punto en el que mucha gente se equivoca. Contrariamente a lo que se cree, algunos alimentos cocinados pueden añadirse al compost, pero bajo condiciones estrictas. Solo son adecuados los restos vegetarianos, con poca grasa y sin salsas. Es imprescindible evitar los platos que contengan queso, carne, exceso de grasa o condimentos demasiado salados o dulces, ya que alteran el equilibrio del compost y atraen a los insectos. Restos como pasta, arroz o patatas sin condimentar, pan seco, verduras al vapor o incluso bordes de pizza sin queso son perfectamente aceptables en un compost doméstico.
Por el contrario, hay que evitar a toda costa los platos ricos o procesados, como las lasañas, las quiches, los gratinados o las sopas cremosas. Estos alimentos, demasiado grasos y salados, ralentizan la descomposición, generan malos olores, fermentan rápidamente y atraen a plagas como mosquitos o roedores.
Consejo: entierre estos restos cocinados en el centro del compost y añada inmediatamente materia marrón (hojas secas, cartón).
¿Por qué evitar los residuos animales?
Son ricos en proteínas y grasas, por lo que resultan atractivos para roedores, moscas... y especialmente difíciles de compostar en frío.
- Carnes crudas o cocidas
- Pescados, mariscos, conchas
- Productos lácteos (mantequilla, queso, yogur)
- Huevos enteros o rotos
- Grasas, salsas, aceites de cocina
Sin embargo, hay algunas excepciones posibles, como las cáscaras de huevo (trituradas) y pequeños restos de productos lácteos en un compostador bien controlado o industrial.
En el compostaje doméstico, estos residuos no se descomponen bien y crean riesgos para la salud.
¿Por qué el papel y el cartón son esenciales para tu compost?
Los materiales secos son indispensables para equilibrar los residuos húmedos. Absorben la humedad, favorecen la aireación y alimentan a las actinobacterias. Se recomienda dar prioridad a:
- Papel de cocina usado (sin perfume)
- Pañuelos de papel
- Cajas de huevos de cartón
- Periódicos en pequeñas cantidades
- Cartón marrón sin imprimir
- Papel kraft
Sin embargo, hay que evitar ciertos componentes como:
- Papel satinado, plastificado, blanqueado
- Toallitas perfumadas, de colores
- Envases impresos con tintas químicas
Consejo: romper en trozos pequeños para acelerar la degradación.
Bioplásticos, papeles «compostables», microplásticos: cuidado con las falsas buenas ideas
La proliferación de envases denominados «compostables» o «de origen biológico» suele generar confusión. Los vasos de cartón, las bolsas de papel kraft, las bandejas de ensalada o las bolsitas de té «bio» prometen ser «ecológicos», pero no todos son aptos para el compostaje doméstico.
Papeles y cartones «impermeables»
Muchos envases «de cartón» están recubiertos en realidad con una fina película de plástico (polietileno, polipropileno, etc.) para hacerlos impermeables a la humedad. Es el caso, por ejemplo, de:
- Vasos para bebidas calientes
- Bandejas para alimentos
- Cajas de comida rápida
- Algunas bolsitas de té o infusiones
Sin embargo, estas películas no se degradan en un compostador doméstico. Pueden fragmentarse en microplásticos, contaminando el compost final.
Los bioplásticos: ¿qué valor tienen realmente?
Los bioplásticos son plásticos derivados de materias vegetales (almidón de maíz, caña de azúcar, etc.) y, en ocasiones, certificados como compostables según la norma EN 13432.
Pero atención: esta norma se aplica al compostaje industrial, a alta temperatura y con gran agitación. En un compostador doméstico, estos materiales se degradan mal, lentamente o no se degradan en absoluto. El resultado es que permanecen visibles durante mucho tiempo o se fragmentan sin llegar a descomponerse realmente.
Microplásticos: por qué degradado no significa digerido
Algunos materiales se fragmentan bajo el efecto del calor o la humedad, pero no son digeridos por los microorganismos. Se convierten en microplásticos, invisibles pero persistentes. Estos residuos pueden contaminar su compost, luego sus plantas y, finalmente, los suelos y la cadena alimentaria. Su impacto ecológico aún se desconoce, pero es mejor ser prudente.
Lo que se puede compostar sin riesgo
Tipo de envase: Bolsa de té con clip
¿Compostable en el hogar?: No
¿Por qué?: Metal + plástico
Tipo de envase: Bolsa de té de papel sin blanquear
¿Compostable en el hogar?: Sí
¿Por qué?: Biodegradable e inocuo
Tipo de envase: Vaso de cartón para café
¿Compostable en el hogar? : No
¿Por qué? : Lámina de plástico
Tipo de envase: Caja de hamburguesa «kraft»
¿Compost doméstico? : Atención
¿Por qué? : A verificar: a menudo recubierto con una lámina
Tipo de envase: Bolsa kraft sin tratar, no grasa
¿Compost doméstico? : Sí
¿Por qué? : Buena fuente de carbono
Tipo de envase: Bolsas compostables EN 13432
¿Compost doméstico? : No
¿Por qué? : Solo compost industrial
Tipo de envase: Bolsas OK compost HOME
¿Compost doméstico? : Precaución
¿Por qué? : Hay que probarlo, pero a veces es decepcionante
Tipo de envase: Película a base de almidón (maíz, mandioca...)
¿Compost doméstico? : Precaución
¿Por qué? : Se degrada lentamente, no siempre se digiere
Plantas, hojas y flores: ¿por qué hay que prestar atención a las excepciones?
A la hora de hacer compost, es beneficioso incorporar los siguientes vegetales:
- Hojas muertas
- Residuos de jardín
- Plantas marchitas
- Flores de ramo
Sin embargo, hay que evitar los siguientes elementos:
- Plantas enfermas o infestadas (riesgo de propagación de patógenos)
- Hojas gruesas o cerosas (por ejemplo, laurel, roble): muy lentas en descomponerse
- Plantas tratadas con pesticidas
Consejo: si tiene dudas, deje secar las plantas unos días antes de compostarlas
Sin embargo, hay algunos casos especiales que hay que conocer. Los cítricos son compostables, pero con moderación, ya que en exceso se vuelven demasiado ácidos.
Las cebollas y el ajo también son compostables, pero hay que limitar su uso, ya que tienen propiedades antibacterianas.
Las pieles y los huesos de aguacate no son compostables, o lo son muy lentamente, ya que son demasiado duros.
En general, los huesos de fruta tardan mucho tiempo en descomponerse: entre 2 y 5 años.
Las cenizas de madera solo se pueden añadir en pequeñas dosis, ya que son muy alcalinas.
Las virutas de madera son compostables si no están tratadas.
Las plantas suculentas, como el aloe, deben añadirse con precaución, ya que son muy húmedas y se descomponen lentamente.
El aceite de fritura no debe compostarse, ya que asfixia a los microorganismos.
Por último, los textiles naturales pueden compostarse en teoría, pero muy lentamente; se recomienda cortarlos antes.
Preguntas frecuentes
¿Qué se puede poner en un compostador de jardín?
Se pueden poner residuos de cocina (cáscaras, frutas, verduras, posos de café...), materiales secos (cartón, hojas secas), pero hay que evitar los productos lácteos, la carne, el pescado o los plásticos.
¿Qué alimentos no se deben poner en el compost?
Evite la carne, el pescado, los productos lácteos, los platos preparados muy grasos o salados y todo lo que haya sido tratado químicamente o contenga plástico (por ejemplo, bolsitas de té con grapas).
¿Se pueden poner cítricos en el compost?
Sí, pero en pequeñas cantidades. Su acidez puede ralentizar la descomposición y alterar los microorganismos. Córtelos en trozos si es posible.
¿Qué hacer con las toallas de papel y los pañuelos de papel?
Si no están perfumados ni coloreados, se pueden compostar. Aportan carbono y ayudan a equilibrar la humedad del compost.
¿Las bolsas compostables (EN13432 u OK Compost) son realmente compostables?
Algunas solo lo son en condiciones industriales. Solo las bolsas con certificación OK Compost HOME se degradan en un compost doméstico, y aún así, lentamente.
¿Dónde puedo encontrar la lista de lo que se puede poner en un compostador?
La lista completa de lo que se puede (o no) poner está disponible aquí.